A lo largo de estos periodos nos hemos dado cuenta como
la Iglesia se preocupa por cada aspecto del ser humano, es decir la Iglesia se
preocupa por cada detalle y denuncia cada injusticia que hay en la sociedad.
Por tal motivo la Iglesia en su doctrina social no podría
dejar de lado el tema de la moral y la economía, la Iglesia ha observado que
hoy en día y desde tiempos anteriores muchas empresas se olvidan de la parte
moral que debe de tener el desarrollo económico, por dicha razón la encíclica Quadragesimo
anno nos dice que dicha relación es necesaria e intrínseca.

Pues
por la dimensión moral de la economía entendemos que las empresas deben de
basarse en solidaridad y justicia de modo que es un deber desarrollar todas las
actividades no solo con fines de beneficios personales sino también con
beneficios a las demás personas.
Un problema en
el Salvador y me imagino que en todos los países es que las empresas no nos ven
como sujetos, no ven nuestro valor en la vida económica, pero todos tenemos
algo importante que ofrecer a la sociedad y debemos de construir una sociedad
donde todos seamos responsables de todos y comprometernos al desarrollo económico
de todos para que la economía empieze a producir bienes y servicios útiles de
modo que sirvan no a fomentar el consumismo sino más bien al CRECIMIENTO de cada
ciudadano.

Pero lastimosamente se ve el desarrollo como un mero
proceso de acumulación de bienes individuales, mas no nos damos cuenta que en
realidad eso no es desarrollo sino una pasión vana que no nos llevara a ninguna
parte.
La doctrina social nos impulsa a tener espíritu de
iniciativa y a utilizar nuestra libertad, pues la Iglesia si observa el
verdadero valor que hay en nosotros y nos recuerda que todos tenemos
capacidades de realizar diferentes cosas y hay que utilizarlas para ayudar al
desarrollo que tanto necesitamos.
Pero en nuestros planes, en todas nuestras iniciativas de
empresas deberemos de estar conscientes que el trabajo deberá de representar un
bien para todos y no una simple estructura, pues nuestra misión es construir una
economía verdaderamente al servicio del hombre.
Un ejemplo muy
importante y significativo en la dirección indicada procede de la actividad de
las empresas cooperativas, de la pequeña y mediana empresa, de las empresas
artesanales y de las agrícolas de dimensiones familiares, la doctrina social ha
subrayado la contribución que estas empresas ofrecen a la valoración del
trabajo, al crecimiento del sentido de responsabilidad personal y social, a la
vida democrática, a los valores humanos útiles para el progreso del mercado y
de la sociedad.
Es indispensable
que, dentro de la empresa, la búsqueda del beneficio se armonice con la tutela
de la dignidad de las personas que trabajan, la empresa es una comunidad de personas donde todos deben de ser solidarios.
Debemos de hacer una labor que realmente sea útil no como los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles no adecuadas provocan el hambre y la muerte de muchos hermanos, dichos practicantes cometen de manera indirecta un homicidio.
El Magisterio
reciente ha usado palabras fuertes y claras a propósito de esta práctica
todavía dramáticamente difundida: ''La usura, delito que también en nuestros
días es una infame realidad, capaz de estrangular la vida de muchas personas''.
Según el CDSI los empresarios y
los dirigentes deberán estar llamados a cumplir los principios del bien común y
al mismo tiempo deben de tener grabado en sus pensamientos que las personas
constituyen el patrimonio más valioso de la empresa, el factor decisivo de la producción
por tal motivo está llamados a estructurar la actividad laboral en sus empresas
de modo que favorezcan la familia y sobre todo a las madres de familia en el
ejercicio de sus tareas.
Una de las
cuestiones prioritarias en la economía es el empleo de los recursos, es decir a
aquellas cosas que se le atribuye un valor debido, estos recursos generalmente
son escasos en la naturaleza lo que implica que el sujeto tenga que inventar
una estrategia y emplearlos de modo racional siguiendo la lógica dictada por el
principio de economicidad, de esto dependerá la efectiva solución del problema económico
más general.
El libre mercado es
una institución socialmente importante por la capacidad que nos da de
garantizar resultados eficientes en la producción de bienes y servicios. De
hecho el mercado históricamente nos ha dado prueba de saber iniciar y sostener
a largo plazo el desarrollo económico.
Se considera que un
mercado que es verdaderamente competitivo es un instrumento eficaz para
conseguir importantes objetivos de justicia, se puede aprovechar para moderar
los excesos de ganancia en las empresas, responder a las exigencias de los
consumidores, realizar una mejor utilización y ahorro de los recursos de modo
que realmente las personas puedan comparar y adquirir los recursos en donde se
posea una sana competencia.
La acción del
Estado y de los demás poderes públicos debe de conformarse al principio de
subsidiaridad creando condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad
económica, inspirándose a la vez en el principio de solidaridad y establecer
los límites de la autonomía de las partes para defender a la parte más débil.
Para respetar es necesario que
mercado y Estado actúen concertadamente y sean complementarios.
El estado puede y
debe de instar a los ciudadanos y a las empresas a promover el bien común disponiendo
y practicando una política que favorezca la participación de todos sus ciudadanos.
Entonces la intervención
pública deberá atenerse a criterio de equidad, racionalidad y eficiencia sin
sustituir las acciones de los particulares. El Estado, en este caso, resulta
nocivo para la sociedad: una intervención directa demasiado amplia termina por
anular la responsabilidad de los ciudadanos y produce un aumento excesivo de
los aparatos públicos, guiados más por lógicas burocráticas que por el objetivo
de satisfacer las necesidades de las personas.
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