lunes, 19 de octubre de 2015

Bienes al servicio del hombre

Los bienes al servicio del hombre

En el Antiguo Testamento se encuentra una doble estructura frente a los bienes y a la riqueza, por un lado de aprecio a la disponibilidad de bienes materiales pero a veces no es vista como una bendición de Dios, sin embargo la riqueza o los bienes económicos no son condenados en sí mismos sino en su mal uso y en que a veces nos apartan del camino correcto.

No debemos poner nuestra  confianza en los bienes materiales, debemos de poner nuestra confianza en el Dios mismo, pues el rico se preocupa de sus bienes y se mantiene despreocupado de las necesidades ajenas alejándose así de la caridad mientras que el que trabaja día a día y desgasta sus manos tiene su esperanza en Dios únicamente y se hace más fuerte en su fe perfeccionando su bondad y haciendo justicia para con los suyos.



Un aspecto importante reconocer nuestra pobreza ante Dios debido a que quien reconoce su pobreza ante Dios, es digno de una atención particular de Él; cuando nosotros buscamos a Dios él nos responderá pero para eso hay que reconocer nuestro carácter finito y buscarlo.


Entonces la actividad económica ha de verse como una respuesta agradecida a la vocación de Dios reservada a cada hombre procurando así que el desarrollo económico y material de todos los hombres.
Pues los bienes aunque tengan un legítimo dueño conservan siempre un destino universal instituido por Dios, así que toda forma de acumulación indebida es inmoral encontrándose en una contraindicación con el destino Universal de los mismos, pues porque la raíz del mal es el afán por el dinero y algunos por la acumulación de este se han alejado de su creador y de la fe.

Las riquezas tienen una función de servicio al hombre pero solo cuando son destinados a producir beneficios a la sociedad, pues tienen esta función debido a que son un bien instituido por Dios, el mal se encuentra en el apego a la riqueza y en un deseo de poseerlas y agruparlas.


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