Los bienes al
servicio del hombre
En el Antiguo Testamento se
encuentra una doble estructura frente a los bienes y a la riqueza, por un lado
de aprecio a la disponibilidad de bienes materiales pero a veces no es vista
como una bendición de Dios, sin embargo la riqueza o los bienes económicos no
son condenados en sí mismos sino en su mal uso y en que a veces nos apartan del
camino correcto.
No debemos poner nuestra confianza en los bienes materiales, debemos de poner nuestra confianza en el Dios mismo, pues el rico se preocupa de sus bienes y se mantiene despreocupado de las necesidades ajenas alejándose así de la caridad mientras que el que trabaja día a día y desgasta sus manos tiene su esperanza en Dios únicamente y se hace más fuerte en su fe perfeccionando su bondad y haciendo justicia para con los suyos.
No debemos poner nuestra confianza en los bienes materiales, debemos de poner nuestra confianza en el Dios mismo, pues el rico se preocupa de sus bienes y se mantiene despreocupado de las necesidades ajenas alejándose así de la caridad mientras que el que trabaja día a día y desgasta sus manos tiene su esperanza en Dios únicamente y se hace más fuerte en su fe perfeccionando su bondad y haciendo justicia para con los suyos.
Entonces la actividad económica ha de
verse como una respuesta agradecida a la vocación de Dios reservada a cada
hombre procurando así que el desarrollo económico y material de todos los hombres.
Pues los bienes aunque tengan un legítimo dueño conservan siempre un destino universal instituido por Dios, así que toda forma de acumulación indebida es inmoral encontrándose en una contraindicación con el destino Universal de los mismos, pues porque la raíz del mal es el afán por el dinero y algunos por la acumulación de este se han alejado de su creador y de la fe.
Pues los bienes aunque tengan un legítimo dueño conservan siempre un destino universal instituido por Dios, así que toda forma de acumulación indebida es inmoral encontrándose en una contraindicación con el destino Universal de los mismos, pues porque la raíz del mal es el afán por el dinero y algunos por la acumulación de este se han alejado de su creador y de la fe.
Las riquezas tienen una
función de servicio al hombre pero solo cuando son destinados a producir
beneficios a la sociedad, pues tienen esta función debido a que son un bien
instituido por Dios, el mal se encuentra en el apego a la riqueza y en un deseo
de poseerlas y agruparlas.


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