martes, 8 de septiembre de 2015

Solidaridad



La solidaridad hace un énfasis agradable en la sociabilidad de la persona humana, de hecho en el diccionario esta definida como una adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en momentos difíciles, ya que todos tenemos una misma dignidad y unos mismos derechos las personas debemos de tratar a los demás, de una manera correcta la solidaridad busca el camino de los hombres y pueblo a una unidad cada vez mas convencida.


La solidaridad la podemos ver desde dos distintos puntos:

1- la podemos ver como principio social
2- la podemos ver como una virtud moral
Sin embargo la solidaridad debe captarse ante todo en su valor de principio social ya que se considera el ordenador de las instituciones, podemos plantear que la solidaridad busca superar y transformar estas estructuras de pecado que dominan entre las
personas y los pueblos.

La solidaridad es una virtud moral, ya que cuando la practicas sientes una felicidad personal que esta mas allá de la explicación ya que no es un sentimiento superficial, al contrario es una determinación firme y perseverante de empeñarse al bien común, al bien de todos y de cada una de las personas para que así todos seamos responsables de todos.

La solidaridad es tan compleja que esta por encima del rango de virtud social fundamental debido a que se coloca en la dimensión de la justicia,  busca la entrega por el bien del prójimo, busca servirlo en lugar de oprimirlo.

En el mensaje de la doctrina social queda claro que existen vínculos entre solidaridad y bien común, así como solidaridad y destino universal de los bienes, solidaridad e igualdad entre los hombres y los pueblos, solidaridad y paz en el mundo.


 El término « solidaridad », ampliamente empleado por el Magisterio expresa en síntesis la exigencia de reconocer en el conjunto de los vínculos que unen a los hombres y a los grupos sociales entre sí, el espacio ofrecido a la libertad humana para ocuparse del crecimiento común, compartido por todos.  (CDSIC #194).


Este principio implica que los hombres cultiven la conciencia de la deuda que tienen con la sociedad, son deudores de aquellas condiciones que facilitan la existencia humana así como del patrimonio indivisible e indispensable construido por la cultura, somos deudores de todo lo que la humanidad ha producido y semejante deuda se salda con manifestaciones de la actuación social de manera que el camino de los hombres no se interrumpa si no que mas bien permanezca abierto.


En Jesús es posible reconocer el signo viviente del amor inconmensurable y trascendente del Dios con nosotros , que se hace cargo de las enfermedades de su pueblo, camina con el y lo salva, gracias  el es posible ver la vida social aun así con sus contradicciones y ambigüedades como algo lleno de vida y esperanza. Jesús de Nazaret hace resplandecer ante los ojos de todos los hombres el nexo entre solidaridad y caridad, iluminando todo su significado, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de las dimensiones específicamente cristianas de gratuidad total, perdón y reconciliación.
 Entonces el prójimo no es solamente un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo.

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